Entre la hierba frente al hermoso edificio de la Facultad de Biología de la Universidad de Sofía, se alza el Monumento a los Agrónomos. Se trata de una gran morrena con un pentáculo metálico y los nombres grabados de los agrónomos comunistas que murieron en 1923 (en las revueltas obreras y entre 1942 y 1944 en acciones del movimiento partisano), defendiendo las ideas del comunismo. El monumento tiene una forma pintoresca con pequeñas piedras esparcidas y vegetación baja. La huella del paso del tiempo en el monolito central también contribuye a lograr una presencia natural pero imponente, como si hubiera surgido del suelo en lugar de haber sido colocado por manos humanas. Una parte de la inscripción escrita en letras metálicas aún se conserva: «En memoria de los agrónomos caídos en la lucha contra…». La última palabra probablemente se fundió hace mucho tiempo, pero la piedra conserva su huella: «fascismo».
En qué medida este monumento refleja la verdad histórica y en qué medida está distorsionado con fines propagandísticos, cada uno puede juzgar por sí mismo. Sin embargo, algo es indudable: estos jóvenes (todos menos dos menores de 30 años) perdieron la vida por defender sus convicciones, y probablemente lo hicieron con un corazón puro, con la sincera convicción de defender algo verdadero. Aunque el paso del tiempo ha demostrado su error y sus ideas han provocado su decadencia, si intentamos ponernos en su lugar en aquellos tiempos, podemos imaginar que soñaban con un futuro completamente diferente.
