La basílica-columbario abierta, situada en el Cementerio Central de Sofía, ofrece una visión única de las prácticas funerarias romanas. El término «columbario», derivado del latín «Columbarium», que significa «palomar» y proviene de la palabra «columba», se refiere a las cámaras funerarias utilizadas en la época romana. Estas cámaras albergaban nichos apilados uno sobre otro, diseñados específicamente para albergar urnas tras la cremación. El término deriva de su parecido visual con los palomares.
A lo largo de la historia, se han descubierto más de cien columbarios del siglo I en Roma y sus alrededores. Generalmente encargados por personas adineradas, estas estructuras albergaban a sus numerosos esclavos y libertos. Su construcción variaba, algunos a poca altura del suelo, mientras que otros eran subterráneos. Dentro de estos columbarios, las urnas de cerámica, conocidas como Ollae, se depositaban en nichos de aproximadamente medio metro de altura. Sobre estos nichos, las baldosas de mármol solían llevar los nombres de los enterrados.
Para quienes en la sociedad romana carecían de recursos económicos para adquirir una tumba personal, los empresarios construían columbarios. Aquí podían adquirir un lugar para su descanso final, ofreciendo una opción accesible para quienes no podían permitirse un entierro privado.
