Alexander Bozhinov, nacido en 1878 en Svishtov, desempeñó un papel importante en la escena cultural y artística búlgara. Se graduó del bachillerato en Sofía y se unió a la primera promoción de la Escuela de Dibujo en 1896. Bozhinov continuó su formación artística en Múnich de 1902 a 1904 y posteriormente se hizo conocido como un talentoso pintor y creador de la caricatura política búlgara. Durante la Primera Guerra Mundial, sirvió como artista militar. Bozhinov fue una persona polifacética que no solo destacó en las artes visuales, sino que también contribuyó al periodismo. Fundó el periódico «Bulgaran» y se convirtió en una figura destacada en los círculos culturales de la época.
Su casa de dos plantas, adornada con una decoración arquitectónica original, fue construida entre 1923 y 1926 según el diseño del arquitecto Atanas Donkov. Esta residencia se convirtió en un centro de encuentro para artistas, escritores y actores, funcionando no solo como vivienda, sino también como lugar de encuentro para mentes creativas. Junto con el arquitecto Atanas Donkov y el artista Boris Denev, Bozhinov organizó el grupo de entretenimiento «Brumbazatsi» en 1923, lo que marcó el inicio del Teatro de Títeres local. Entre sus contribuciones a la literatura infantil se encuentra la colección de poemas humorísticos «Libro de Oro para Nuestros Niños».
En 1929, Bozhinov fue elegido miembro correspondiente de la Academia Búlgara de Ciencias (BAS) y, en 1939, se convirtió en académico. Desafortunadamente, con la llegada del régimen comunista en 1944, Bozhinov fue víctima de la represión política. Acusado de afiliarse al zar Boris III, sufrió persecución a pesar de haber sido imparcial durante toda su vida. Bozhinov, reconocido como una de las figuras más destacadas de la sátira política, fue juzgado ante el Tribunal Popular, lo que provocó una indignación generalizada. Tras seis meses de arresto y malos tratos en 1945, fue condenado a un año de prisión y a una multa de 1.000 BGN.
En sus últimos años, Bozhinov continuó su actividad artística, creando numerosas pinturas, escribiendo poemas y feuilletons, y dedicándose a la crítica de arte. Tras el fallecimiento de su hijo, sin dejar herederos directos, su último deseo fue que su casa fuera donada al estado. El edificio fue declarado monumento cultural nacional en 1998, preservando así el legado de esta influyente figura del arte y la cultura búlgaros.
